Todo el mundo conoce a alguna persona con algún tipo de adicción, ya sea al tabaco, el alcohol, los bienes personales o incluso bienes más innecesarios. Muchos ejemplos nos pueden venir a la mente, a mi en concreto el caso de Jaime, un padre de familia de mediana edad, que sentía siempre la necesidad de comprar bienes relacionados con el hogar.
Acudía a cualquier tienda o centro comercial y de manera constante miraba artículos como lámparas, mesas o incluso televisiones aunque en toda la casa tuviera una por sala.
Cuando se encontraba en épocas malas, en el trabajo o con su familia, deseaba y necesitaba ese consumo. Su familia no sabia que hacer, no encontraba una solución a este problema, pero lo más importante es que afectaba de lleno en la educación de sus hijos ya que se gastaba el dinero, dedicado a pagar el colegio. Pidieron ayuda a la familia de su mujer y a la del mismo pero no sirvió, mas bien anularon esa petición que les hicieron, por lo tanto ahí no tenían la verdadera respuesta, únicamente la encontrarían fuera, en las personas que tienen ese auxilio que necesitaban cada miembro de la familia. Sus hijos, Raquel y Javier, comenzaron a distanciarse de manera mas fuerte de él, ante todo les hacia pasar buenos momentos, como ir al parque o simplemente sentarse un domingo en el suelo del salón y jugar hasta que se hiciera de noche. Jaime recuerda un momento que recordara toda su vida y que le hizo sorprenderse de lo que en verdad estaba haciendo. Fue una tarde cuando acudió a la habitación de Raquel, ella estaba sentada en la cama con su ordenador portátil jugando a un videojuego que el mismo la había regalado, su intención era pasar un rato con ella pero cuando se dispuso a acercarse ella le dijo: “Papa, no te acerques porque no quiero que vendas mi ordenador para comprarte otro capricho de los tuyos”. Aquella situación le dejo huella, lo único que hizo fue marcharse de la habitación e ir donde su mujer, le comento lo que había sucedido y ella solo le abrazo mientras los dos lloraban. Todo esto se había convertido en una gran adicción para el, en un problema para la familia, debían de buscar algún tipo de solución. Investigaron sobre asociaciones, y encontraron una no muy lejos de su casa donde daban sesiones de terapia, fueron a informarse y Jaime no puso ningún impedimento para ello, quería que sus hijos volvieran a tener esa sensación de que su padre podía llegar a ser el mejor del mundo. Esa misma semana comenzó a ir varios días y así sucesivamente hasta el día de hoy donde Jaime ha dejado ese consumo que tanto daño le hacia, donde comienza a ser el mismo aunque todavía no ha dejado la terapia. Su familia se ha entregado por completo a el, y ahora recuerda a esas personas que no le tendieron su mano, aquellas personas que no estuvieron a la altura de la situación y que siente mucho rencor pero siempre serán sus padres y no puede dejar de quererles. Ahora siente que la vida cobra un sentido diferente que las tardes de domingo han vuelto a ser como antes y le apasiona simplemente ir a buscar a sus hijos al colegio y que le reciban con ese abrazo que le hace olvidarse de todo.
Algo que se considera muy común como comprar un electrodoméstico u otros productos, se puede llegar a convertir en un gran conflicto. Los consumos adictivos son aquellos que se adquieren sin necesitarlo por el placer de comprar. Este tipo de consumo conlleva un gran coste eliminarlo de la rutina personal. No se produce satisfacción del propio objeto pero si el hecho de comprarlo. Posiblemente esta adicción vaya a ser una de las más sufridas en este siglo ya que los medios de comunicación, la publicidad, etc. nos ayudan a crearnos necesidades sin requerirlas. Así que si eres feliz con lo que compras, usas los artículos que has adquirido y gastas lo que esta dentro de tus posibilidades, tal vez no seas más que un consumista moderado.

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